El falso dilema entre el Quijotismo loco y el Sanchopancismo patán, 5 de Junio de 2005

Para conmemorar los 400 años de la primera edición del “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” el Estado Venezolano tuvo la destacable iniciativa de imprimir un millón de ejemplares de la obra y distribuirlos gratuitamente a la población. La mencionada edición especial es prologada por el premio Nobel de literatura José Saramago e incluye una dedicatoria a los lectores más jóvenes escrita por el Ministro de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, Arq. Francisco Sesto Novás.

Como un esfuerzo por hacer llegar a todo el pueblo las obras clave que han contribuido a construir lo que somos, ésta es, sin duda, una iniciativa positiva. Pero lo que nos ocupa en esta oportunidad no es la difusión del Quijote como obra literaria, ni la sustitución del prólogo de Vargas Llosa en la edición europea por el de Saramago. Lo que nos ocupa en esta oportunidad es la reiteración y amplificación de algunos mensajes con los cuales viene acompañada esta nueva edición del Quijote, y que en una iniciativa masiva como ésta, implican un impacto considerable.

El Quijote no es una novela inofensiva, por el contrario, y como producto de su amplísima difusión, del rol fundamental que se le atribuye en el desarrollo de nuestra lengua, de su alcance universal, de la unánime devoción que todo hispano le profesa y de la penetración que sus personajes, escenas y mensajes tienen en la cultura popular de nuestros pueblos, la genial obra de Cervantes se ha convertido en un marco conceptual a través del cual se ve y se interpreta la vida. Y esta es precisamente nuestra preocupación, cuando un marco conceptual se hace tan omnipresente y su utilización tan generalizada, corremos el riesgo de confundirlo con la realidad y en vez de ayudar a su correcta interpretación y de guiar cursos de acción eficaces (por fundamentarse justamente en una adecuada interpretación de la realidad) pueden terminar llevando al fracaso continuo. Cuando el Libertador y Padre de la Patria afirma: “Jesucristo, Don Quijote y yo, somos los tres grandes majaderos de la historia” y el Presidente de la República se autodefine como un “Quijote” es porque algo hay en esa novela que se anidó muy profundo en la psique popular. Pero, ¿qué marco conceptual para la vida puede derivarse del Quijote? ¿de qué manera la genial obra de Cervantes puede determinar parte de la interpretación que tiene la gente de su realidad? ¿cómo esa interpretación influye en los cursos de acción que se definen y ejecutan, para hacer frente a esa misma realidad, previamente interpretada utilizando el paradigma quijotesco?

Es bien conocido y aceptado que en el Quijote se pueden identificar claramente dos filosofías de vida contrapuestas: una representada por Don Quijote de la Mancha, la cual llamaremos “Quijotismo” y otra representada por Sancho Panza, la cual llamaremos “Sanchopancismo”. El quijotismo podría ser definido como la filosofía de vida del idealista. El quijotista dedica su vida a los más altos ideales de bien y de justicia, desprecia las preocupaciones por la vida material hasta el punto en el cual puede llegar a perderlo todo, incluso la vida, en la defensa de sus ideales. Es noble, valiente y desinteresado, siempre preocupado por el bien común e insensible a las ofensas, traiciones y ridiculizaciones que comúnmente le dirigen los sanchopancistas.

El sanchopancismo podría ser definido como la filosofía de vida del materialista. El sanchopancista, tiene como únicas preocupaciones la satisfacción de sus necesidades materiales, es intrínsecamente egoísta, cobarde, práctico, no alberga ninguna preocupación por el bienestar común y para él la justicia y el bien son conceptos relativos y de valor exclusivamente instrumental en el logro de sus objetivos. Considera las acciones de los quijotistas como cosas sin sentido, apartadas de la realidad y risibles.

En nuestra opinión el Quijote ilustra estas dos filosofías de vida encarnándolas en personajes que se han convertido en arquetipos para el mundo hispano. Bajo estas referencias, ante cada situación de la vida, desde las más simples hasta los actos de gobierno, podría enfrentarse una decisión trágica producto de la utilización de un modelo mental, un marco conceptual, incompleto. Ante cada acción a tomar tendríamos que decidir si nos comportaremos como Don Quijote o si nos comportaremos como Sancho Panza. Esto es tremendamente doloroso y frustrante porque se nos pone a decidir entre dos modelos que, en el fondo, rechazamos. La mayoría de la gente no quiere, no puede y no debe ser tan irracional como Don Quijote (es notable que Cervantes haya escogido a un loco para representar al personaje); pero también resulta inaceptable convertirse en un patán, sin ideales como Sancho.

La gente común tiene ideales, se preocupa y hace lo que puede, por los demás y es capaz de hacer sacrificios por defender las cosas en las que cree, pero no desprecia irresponsable, loca o quijotescamente lo material; desea cubrir sus necesidades de la mejor forma, quiere progresar y acumular mayor fortuna, pero no se comporta miserable, rastrera o sanchopancísticamente como un patán.

Y aquí está el problema con la publicación de la edición del Quijote a la cual se hizo referencia al principio: en su dedicatoria a los lectores más jóvenes y en perfecta sintonía con el centro del mensaje revolucionario, se propone a la juventud venezolana tomar el camino del Quijote (el de la revolución) ante las amenazas sanchopancistas que pretenden destruir la justicia y el bien. Aún más, se propone la inclusión en la lista de “majaderos de la historia” a Ernesto Guevara y, quizá intuyendo la fuerza arquetípica que tienen los dos personajes cervantinos, se advierte al joven lector que la obra puede marcarlo para siempre.

Y ese es el falso dilema que enfrenta el país en este momento. Se pretende dividir la nación en dos grupos:

1) Los quijotistas: revolucionarios, preocupados por el bien común, sin aspiraciones materiales, idealistas, bondadosos, despreocupados de las burlas externas, dispuestos a entregar la vida por sus ideales, antiimperialistas, de la V república, socialistas…

2) Los sanchopancistas: materialistas, egoístas, únicamente preocupados por su bienestar personal, oligárquicos, desprovistos de ideales, arrodillados ante el imperio, de la IV república, capitalistas…

Y esto no es, ni tiene que ser así.

La inmensa mayoría de los venezolanos están frustrados ante lo que, en ausencia de una opción liberadora, moderna y con sentido común, podría ser un inevitable proceso decisorio entre dos opciones falsas.

La inmensa mayoría de los venezolanos desea una política pública holística, racional, generadora de riqueza, eficaz y eficiente pero no materialista; espiritual, idealista y culturalmente rica pero no ingenua.

La inmensa mayoría de los venezolanos detestan decidir entre un sanchopancismo, capitalista, patán, de IV república y un quijotismo, socialista, loco de V república.

La inmensa mayoría de los venezolanos desean fervientemente una Venezuela, moderna, libre, popular y sensata.

Raúl Aular Delgado

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