La confluencia entre capitalismo y socialismo, 18 de Diciembre de 2007

Se pueden perder años, décadas completas de avance en una sociedad sólo por un temita de significados. Y eso es lo que parece que ocurre aquí en la Venezuela de comienzos del siglo XXI: un enfrentamiento ideológico (si es que eso existe todavía) absolutamente gaseoso en el cual ambos bandos están de acuerdo en lo fundamental, es decir, en lo que no se puede estar en desacuerdo: 1) hay que ser productivos y dejar el rentismo 2) hay que atacar la inequidad y atender los problemas sociales de manera prioritaria. Quién está en desacuerdo con eso?

Pues bien, debido a la característica y pasada de moda tendencia moderna, según la cual hay leyes análogas a las de la física clásica que rigen todas las cosas existentes, debido a una insuficiencia intelectual que impide el análisis práctico de la realidad y la toma de decisiones efectivas, debido a la mala maña de estar inventándose “leyes” que supuestamente gobiernan los fenómenos sociales y llamarlas luego “científicas” sólo para superar el complejo de inferioridad que generaba el no tener el estatus de ciencia (y digo generaba porque esa concepción de ciencia determinista ya pasó de moda), debido pues a un miedo inconsciente a aceptar que no hay recetas, ni diagramas de flujo que nos digan qué hacer, debido al terror que implica aceptar que tienes que inventar las soluciones en el camino, con la información disponible y sin manuales que nos sirvan de “chuleta”, estamos aquí, metidos en un debate absolutamente inútil sólo posible por el hecho de que se financia con la renta petrolera.

Debate inútil, gaseoso, subsidiado con petróleo (el tiempo productivo que se pierde en un debate debería ser financiado por los beneficios del mismo), arrogante, bizantino, temerario y que no le importa a la gran mayoría de la población. Se trata pues del debate entre capitalismo y socialismo, dos “ismos” que no existen, que sirven sólo de muletas mentales que permiten sobrellevar el marasmo intelectual, a través del artilugio de repetir como loros “principios”, “modelos”, “fundamentos” etc… uno más rimbombante que el otro sin solucionar nada concreto. Para qué sirve convertirse en el adalid del libre mercado si ya sabemos que un mercado libre, en competencia perfecta y sin asimetrías de información simplemente no existe? Para qué sirve salir, cual cruzado medieval, a denunciar la inequidad social y la pobreza como consecuencias del capitalismo, cuando la concentración de riqueza y poder en pocas manos es un fenómeno que siempre ha existido, incluso sin capitalismo, y cuya solución, ya se sabe, está más en manos de los que concentran la riqueza y el poder que en otro sitio?

En efecto, una abrumadora evidencia nos indica que no hay que rasgarse las vestiduras por unos principios abstractos que no se pueden aplicar en la práctica. Es urgentemente necesario resolver los problemas sin limitar las estrategias ni las tácticas a ningún recetario, lo que importa es lograr una sociedad viable, y para ello, hay que producir riqueza y no puede haber mucha gente descontenta, esa es la realidad.

“…Las compañías siempre han tenido un contrato con la sociedad. El contrato abarca no sólo los participantes directos (como consumidores, empleados, reguladores y accionistas) sino también, y de manera creciente, un más amplio grupo de participantes (como las comunidades donde operan las compañías, los medios, la academia y el sector de las organizaciones sin fines de lucro)…”  “…Las tendencias sociopolíticas afectarán cada vez más la libertad estratégica de las compañías, las cuales no pueden simplemente ignorar la creciente ola de expectativas resultantes a partir de esas tendencias y el poder e influencia de los participantes que se movilizan alrededor de ellas…” “…En comparación con las habilidades duras y el conocimiento profundo de la mayoría de los altos ejecutivos, los temas sociopolíticos requieren habilidades de estadista…Adicionalmente, estimar el impacto de la mayoría de las tendencias sociopolíticas en el valor corporativo requiere que los ejecutivos hagan supuestos y prueben sensibilidades que los textos de los MBAs generalmente no discuten…”

El texto anteriormente citado no fue extraído de un manual de izquierda ni mucho menos, se trata del McKinsey Quarterly, una revista de negocios producida a partir de las investigaciones realizadas por McKinsey and Company, una de las firmas de consultoría gerencial más importantes e influyentes del mundo, es decir, el propio capitalismo puro y duro. Como podemos ver, los temas relevantes para los llamados “socialistas” pueden ser, en realidad, los temas relevantes para sustentar la rentabilidad y viabilidad de los negocios a mediano y largo plazo para los llamados “capitalistas”. En efecto, la rentabilidad a corto plazo como uno de los indicadores de desempeño de las empresas y no como el fin último de las mismas, permite una mejor toma de decisiones. Igualmente, cuando calculamos el valor de un negocio, frecuentemente somos víctimas de las limitaciones de las herramientas analíticas disponibles como el valor presente de los flujos de caja descontados o la valoración por escenarios. Se asume que el recurso humano, los recursos naturales y la paz social están dados o, a lo sumo, se incluye un factor de riesgo en las tasas de descuento para reflejar de manera casi arbitraria un, así llamado, “riesgo” de la sociedad en la cual la compañía tendría que desempeñarse. Todos estos métodos son absolutamente imperfectos, pero en lo que todo el mundo está de acuerdo es en que las empresas tienen una probabilidad mucho mayor de maximizar su valor a largo plazo, si se desempeñan en una sociedad en la cual la población tiene salud, educación, estabilidad, diversión, y poder adquisitivo. Una empresa no puede generar valor a largo plazo en una sociedad inestable por la inequidad existente.

Así pues pareciera que los socialistas tienen ideales que maximizarían el valor de las empresas capitalistas en el largo plazo. El conflicto gaseoso se da en el corto plazo, con unos empresarios con el cerebro lavado por doctrinas deterministas y pasadas de moda según las cuales las empresas sólo deben preocuparse por generar dinero y maximizar su rentabilidad, y unos supuestos socialistas con el cerebro lavado por doctrinas deterministas y pasadas de moda según las cuales hay que crear un “hombre nuevo” que se olvide de la rentabilidad y se oriente desinteresadamente al prójimo.

He allí la inutilidad del debate, hay que olvidarse de los “ismos”, los empresarios y la élite económica no pueden pensar que la cosa es maximizar la rentabilidad en el corto plazo como fin último, esto es rechazado, no por los socialistas, sino por la investigación y la experiencia gerencial más avanzada en el mundo. Por otra parte, los socialistas no pueden pensar que la pobreza la generan las empresas y que hay que eliminar el incentivo económico creando un nuevo Homo sapiens, esto es rechazado, no por los empresarios capitalistas, sino por la experiencia vivida en los países socialistas del bloque soviético y la propia Unión Soviética. Tenemos que trabajar pensando en el largo plazo, apuntando a la creación de empresas fuertes, rentables, productivas y sostenibles en el largo plazo por una sociedad en la cual los ciudadanos vivan dignamente, con buena salud, educación, alimentación y diversión. Todo ello orientado al verdadero fin último: el máximo desarrollo del espíritu de cada ser humano. No perdamos más tiempo.

Raúl Aular Delgado

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