Los Parásitos y el Eclesiastés, 4 de Diciembre de 2007

Hay sistemas de creencias que funcionan como parásitos exitosos alojándose en el huésped y viviendo de él sin que éste último se de cuenta. Ese tipo de especies logran mantener un equilibrio biológico con el huésped que les permite explotarlo sin sufrir resistencia e incluso activan mecanismos que hacen invisible su presencia para el sistema inmunológico del paciente generando un sistema cerrado que se autoprotege y perpetúa.

Parece ser que algunos revolucionarios son víctimas de un sistema de creencias con características parasitarias que explota su inteligencia (muchos son realmente brillantes) con el fin de garantizar la supervivencia.

Algunos análisis que intentan explicar lo que sucedió el domingo 2 de Diciembre llegan a conclusiones realmente sorprendentes. Una explicación es, por ejemplo, que el pueblo venezolano es todavía presa de una serie de condicionamientos impuestos por el sistema capitalista que impidieron que una reforma que “evidentemente” lo beneficiaba resultara aprobada. Otra sugiere que el pueblo no votó en contra de la reforma sino de lo que una supuesta campaña mediática dibujó como reforma, de manera que el resultado se puede despreciar. Otras sofisticadas explicaciones indican que no se ha llegado al nivel de madurez necesario para apoyar una propuesta tan “de avanzada” tan “sofisticada”, es decir, que el pueblo venezolano se encuentra en una especie de estadio infantil que le impide entender y apreciar lo que realmente le conviene. Todas estas hipótesis tienen un efecto tranquilizador y compensatorio en la mente de los perdedores debido a que todas las explicaciones logran la magia de ubicar en el exterior las causas del fracaso y, al mismo tiempo, acariciar el ego de personas con inteligencia superior al promedio haciéndolas sentirse parte de una vanguardia benefactora, incomprendida por la plebe que todavía se encontraría víctima de sus instintos, en un deprimente estadio cuasianimal.

Al escuchar esas explicaciones uno entiende por qué es necesario crear un hombre nuevo, se trata de elevar al Homo sapiens común y corriente hasta un nivel en el cual sea digno de las ideas defendidas por los revolucionarios, quienes ya han logrado liberarse de los condicionamientos impuestos por el sistema y se encuentran en un estadio superior de consciencia. Al escuchar estas explicaciones uno puede entender por qué una clara derrota como la del domingo se convierte en la confirmación de que se está en el camino correcto: “sabíamos que el camino era largo y difícil”, “estamos preparados para una jornada de largo aliento”, “estos son sólo piedras en el camino que ya esperábamos”.

Incluso en los análisis de alguien como Heinz Dieterich lo único que se encuentra son explicaciones dirigidas a elementos de carácter táctico, errores de ejecución, malas decisiones en cuanto al “timimg” pero jamás asoma, ni por equivocación, que la propuesta está fundamentalmente equivocada y simplemente no funciona. Todas estas explicaciones deben su eficacia al hecho de que funcionan como mecanismos de defensa psicológicos que toman fuerza acariciando, engrandeciendo y reforzando el ego de la víctima.

De allí el carácter parasitario de ese sistema de creencias, funciona como un mecanismo de retroalimentación positiva, apalancándose en el ego de la víctima y autoreforzándose utilizando la inteligencia del huésped. De esta manera jamás se les ocurrirá sospechar, ni siquiera como hipótesis, que el pueblo razonó y entendió bien, no le gustó y votó NO.

Es lamentable, pero hay muchos pseudointelectuales que piensan que el pueblo es víctima de una superestructura generada por el capitalismo mundial que le impide saber lo que en realidad le conviene, cuando en realidad son ellos las víctimas, no de una superestructura, sino de su propio ego. Ya lo dice el Eclesiastés: “…todo es vanidad…”

Raúl Aular Delgado

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