¿Anomalía estadística o nuevo fenómeno?, 27 de Febrero de 2011


Moisés Naím dijo recientemente que, desde el punto de vista estadístico, las autocracias petroleras no caían: un caso emblemático de petrocracia “eterna” es la de Libia y ya vemos lo que está sucediendo.

Teniendo pobres “como arroz”, al margen de la modernidad, al lado de una fuente de riqueza monopolizada por un gobierno que le “garantiza” a la comunidad internacional un suministro de energía seguro y confiable, se crea una sinergia diabólica en la cual el mundo satisface sus necesidades gracias a que un autócrata logra, a través de la represión a su población, una “adecuada estabilidad” y asume para su país el rol que las potencias occidentales le han asignado: mina petrolera.

Las potencias occidentales “descubren” que un régimen es autocrático cuando deja de ser útil, cuando ya no garantiza una “adecuada estabilidad” y esto no puede ser considerado una “doble moral”, esto debe ser considerado normal por las fuerzas locales contrarias al régimen. No es con argumentos moralistas como se convence a las potencias de la necesidad de un cambio, hay que demostrar que quienes pretendan sustituir al gobernante en el poder, están en capacidad de ofrecer algo mejor.

En Venezuela, buena parte del liderazgo alternativo al gobierno actual se enrolla demostrando que un país manejado por ellos sería mejor que un país manejado por Chávez, y esas dificultades son tanto adentro como en el exterior. El tema novedoso a raíz de lo sucedido en Libia, Túnez y Egipto es que las potencias mundiales se están dando cuenta que el mundo cambia rápidamente y que los “hombre fuertes” un día garantizan la estabilidad y al día siguiente se los consiguen haciendo fila en el consulado para pedir asilo. Occidente debe ir entendiendo que estamos en presencia de un mundo diferente en el cual la estabilidad debe ser de mayor “calidad”. Patrones de comportamiento que, hasta ahora, permitían predicción  estadística, están modificándose y originado la aparición de múltiples puntos anómalos en las curvas de regresión. El pasado ya no es tan confiable para predecir el futuro.

Los venezolanos tenemos que ponernos pilas!, o nos convertimos en “patrón estadístico habitual” o brincamos la talanquera de la curva de regresión: no hay porqué ser esclavos de un coeficiente de correlación!

Raúl Aular Delgado

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