La desesperada necesidad de lucir “buena gente”, 28 de Febrero de 2011

En la historia de la evolución de los lubricantes, habrá un capítulo completo dedicado a un especial aceite venezolano. Se trata de un aceite que no se utiliza en máquinas, ni en sistemas electromecánicos industriales. Es un lubricante que permite el funcionamiento de toda una maquinaria social, que hace posible que unos abusen de otros, que se desperdicie el tiempo de millones de ciudadanos sin que a la “máquina social” se le fundan los anillos. Se trata de la pulsión nacional por siempre lucir “buena gente”, con buenas intenciones, con las motivaciones más altas y puras, aunque los resultados sean destructivos.

Ese bendito lubricante, que permite a una madre soportar historias dramáticas de irresponsabilidad y desorden con sus hijos, que hace posible que una mujer hecha y derecha asuma el maltrato y el “chulismo” de su pareja, que permite hacer realidad una curiosa situación según la cual, todos los habitantes de un país son “panitas” y “hermanos”, aunque ninguno confíe en el otro, ha llevado las cosas a un extremo peligroso. Un país en el cual todos simulan recíprocamente que la responsabilidad de las cosas es de un tercero malintencionado distinto a ti y a mi, tarde o temprano se tropieza con el inevitable muro de la realidad.

En Venezuela, la manía de lucir “buena gente” es patológica. El ser “simpático” no es la principal virtud del ser humano y, en el caso de nuestro país, ese “bug” psicosocial es explotado magistralmente en la estrategia comunicacional del gobierno. En Venezuela, toda la incompetencia gubernamental es estoicamente soportada por un pueblo que diariamente recibe miles de mensajes comunicando que “Chavez es pana”. Y como es pana, entonces se le pueden aceptar sus cosas, sus loqueras, sus pelones, porque a un pana se le entiende, se le comprende, se le dejan pasar las vainas. Esto explica, en parte, por qué en los estudios de opinión publica el gobierno es malo en la resolución de problemas específicos, pero a Chávez se le da alta aprobación general, alto nivel de agrado y alta intención de voto: porque es pana.

La comunicación del gobierno está muy bien pensada y, en este caso, utiliza la viscosidad de ese lubricante, que los venezolanos en algún momento inventamos para que las cosas fluyan, para minimizar la fuerza de roce social, para eludir el enfrentamiento, quizá buscando inconscientemente evitar que algunos demonios que llevamos dentro nos impulsen a matarnos. Un amigo extranjero una vez me dijo: “la verdad es que los venezolanos tienen un gran mérito, con solo un décimo de lo que ha pasado aquí, ya nosotros nos hubiéramos matado todos” Y… hasta dónde eso es un mérito?

Raúl Aular Delgado

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