Médicos clínicos vs. médicos “del pueblo”, 02 de Marzo de 2011

Como médico, me conmocionó la noticia de que el Dr. Rafael Muci-Mendoza ha solicitado su jubilación. La medida viene como acción de protesta por la irresponsabilidad que implica la graduación de “médicos integrales” por la vía “fast track.”

Fuera del gremio puede que esa noticia pase desapercibida, pero el Dr. Muci-Mendoza es un maestro que ha enseñado a generaciones de médicos cómo saber hasta el color de las medias del paciente, examinando el fondo del ojo con un oftalmoscopio sencillo en el consultorio. El paso acelerado e improvisado de cohortes de estudiantes de medicina a quienes se les reconocerá como médicos y que se expondrán a retos reales (nada más real que un paciente) sin estar preparados para ello es la consecuencia lógica de una línea que tiene mucho tiempo macerándose en la universidad, el ministerio y todos los entes que se encargan de la salud.

Se trata de meter toda la salud en el mismo saco, y hacerse la pregunta progresista típica: ¿cuál es el médico que queremos y necesita nuestro país?

Esa pregunta, ya dañada de origen, impulsa a tomar una decisión pavorosa. Se presume que, dado que estamos en un país subdesarrollado, necesitamos médicos “comprometidos con el pueblo” que vayan a curar parasitosis, epidemias, a enseñarle a la gente cómo tener mejor salud, a practicar medicina “preventiva”, a dar charlas en la comunidad…en fin, la antítesis del médico clínico especialista.

Se anteponen, de forma maniquea, las dos visiones. La primera, la del médico del pueblo, con el pueblo, acompañándolo en el lugar donde el pueblo sufre. La segunda, la del médico “cientificoide”, encerrado en un hospital público o privado, esperando arrogantemente que los pacientes vengan a mendigar su sabiduría.

Después de contraponer esas dos visiones, evidentemente la política de salud de un estado revolucionario no puede ser otra que desatender los hospitales y crear “Barrio Adentro”. Pero no hay que confundirse – una cosa es la atención médica y otra la salud pública.

La atención médica es un oficio que requiere largos años de entrenamiento y estudio. A pesar de servirse de ciencias duras es, en si mismo, un arte, un oficio en el cual las canas son insustituibles. La atención médica es el acto típico del médico clínico de hospital, un profesional entrenado en la resolución de problemas clínicos complejos, un especialista cuya formación es costosa.

La salud pública está asociada con intervenciones masivas en el área de ingeniería sanitaria, educación, control de endemias, despistaje de enfermedades y otras estrategias que se ejecutan en grupos poblacionales determinados.

No podemos pretender que a un clínico entrenado para resolver problemas complejos en un ambiente hospitalario se le menosprecie porque no va a los barrios a enseñarle a la gente cómo se hierve el agua. Un sesgo guevaristoide está haciendo que nos quedemos sin médicos clínicos y a la hora que sea necesario hacer una “colangio-pancreatografía retrógrada endoscópica”, no habrá charlita educativa que valga.

El diagnóstico del Dr. Muci-Mendoza es claro. Un país en el que no se reconoce el rol que cumplen ambos tipos de médicos es un país de enfermos. Quedamos advertidos.

 

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