Lina… 6 de Marzo de 2011

En cualquier parte del mundo, la muerte de alguien como Lina Ron hubiera pasado casi desapercibida. Seguramente hubiera sido reseñada brevemente como un caso más de la estadística, el caso de una pintoresca señora que estuvo una vez en la cárcel debido a sus conductas excéntricas. Ese no es el tratamiento que se le da a esa noticia en Venezuela. Apartando las reacciones de burla, odio etc… de algunos, apartando las reacciones de admiración, exaltación patriótica etc… de otros, uno puede ver una intersección de los dos conjuntos, uno puede ver que hay “escuálidos” que dicen: “pana, aquí se murió la única chavista de verdad que había, porque los demás son unos vividores” y escuchar a “revolucionarios” que dicen exactamente lo mismo. Es notable la confluencia, es muy notable que ante la muerte de alguien a quién formalmente se le podría calificar como una “revoltosa”, encontremos unas coincidencias tan grandes. De dónde viene esa coincidencia? Qué explica que no haya mucha discusión cuando se coloca la imagen de Lina Ron en el medio y se pide una evaluación? Por qué se tiende a desestimar las demás características de su perfil y decidimos enfocarnos en el carácter “auténtico”, “real”, de su personalidad? Hay una especie de encantamiento ante la autenticidad desgarbada de Lina, se percibe que no le importaba la imagen que daba a los otros, se percibe que era “ella” independientemente de las circunstancias y, en Venezuela, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es un bien escaso. La sequía de autenticidad y unidad de vida, explica en buena parte por qué se genera una fascinación para algunos incomprensible alrededor de quienes lucen “de una sola pieza”. En Venezuela, hemos aprendido a lucir “buena gente” y pana, a evitar el conflicto hasta la autoanulación, a simular armonía, Cabrujas decía que ésta era la “sociedad del disimulo”. La percepción de inconsistencia vital en los demás, es una de las fuentes de cinismo y desconfianza más grandes en nuestra sociedad, es el origen de aquel refrán que dice: “es mejor malo conocido, que bueno por conocer”, refrán popular que, de suyo, demuestra hasta dónde la desconfianza de los unos hacia los otros es una enfermedad nacional. La imposibilidad de generar relaciones estables más allá del ámbito familiar (donde la genética ayuda) dificulta enormemente la creación de empresas grandes y sólidas, de partidos robustos, de instituciones despersonalizadas, en fin, dificulta la creación de un país sensato, estable y confiable. No nos engañemos, no es una “antisocial” la que se fue, era bastante más que eso, antisociales se nos van todos los días, por decenas. Revisemos dentro y encontraremos que, en medio del desorden, la ilegalidad, el voluntarismo y la impunidad, hay algo más duro, tan escaso en Venezuela que hace desestimar todo lo demás: ser real, no una plastilina que se amolda a las circunstancias; y cuidado! porque tanta avidez de autenticidad es peligrosa para una sociedad.

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