Archivo mensual: abril 2011

Nos ataca “El General Invierno”

En una explosión de creatividad que deja loco a cualquiera, ayer se anunció la creación de un “Estado Mayor para el Invierno”. Según se puede desprender de la somera descripción ofrecida, se trata de una estrategia militar que pretende modular o anular los efectos negativos que las lluvias pudieran ocasionar en la población.

Se trata entonces de una batalla contra las tropas del “General Invierno”. Este general tiene fama de ser realmente astuto, se dice que venció a las tropas de Napoleón Bonaparte en 1812 y que luego hizo estragos con las de Hitler en 1941. Es muy conocida la historia de paralelismos entre los franceses del siglo XIX y los alemanes del siglo XX en su intento por dominar Rusia y la casi unánime opinión según la cual ambos ejércitos fueron sorprendidos por la llegada del invierno ruso y sus demandas logísticas.

Sin embargo, en ambos casos, pero sobretodo en el caso de Hitler, hay opiniones según las cuales, sin desestimar las duras condiciones climáticas que acompañan la llegada del General Invierno, la causa del fracaso de las fuerzas alemanas fue una mezcla de arrogancia, desconexión con la realidad y negligencia en la preparación de las tropas que se dirigieron a la campaña rusa.

Efectivamente, parece que Hitler, pecando de arrogancia y exceso de confianza, no oyó a sus generales, quienes lanzaron advertencias respecto al debilitamiento de sus fuerzas, mantuvo la posición de que culminaría la operación antes del final del otoño, no logró que las tropas estuvieran adecuadamente equipadas y tampoco se estudió con diligencia muchas experiencias de otras guerras, al norte y este de Europa, que hubieran sido muy útiles en la previsión de las múltiples dificultades que inevitablemente se presentarían y acabarían con la capacidad de maniobra de las tropas alemanas.

Pues parece que las batallas contra el “General Invierno” están marcadas por el mismo destino. Sin importar que se trate del invierno ruso o el criollo, una mezcla de negligencia y desestimación de las recomendaciones de expertos nos colocan frente a una nueva batalla contra el legendario general, esta vez, con un “Estado Mayor” dispuesto a enfrentarlo.

Aunque las lluvias sean intensas, todos sabemos que el problema es la acumulación de un caos urbanístico que nos hace totalmente vulnerables ante la naturaleza. Múltiples planes e iniciativas para la recuperación urbana de las ciudades principales, pero sobretodo de Caracas, se han quedado sin ejecución y, como era de esperarse, ya nos agarró el invierno otra vez.

Un estado mayor para atender el problema de las lluvias es una solución realmente exótica. Parece que “El General Invierno” siempre cuenta con las fallas de sus contrincantes para ganar sus batallas.

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Hipócrates vuelve a estar de moda

Gracias al pana A. Barredas supe de un artículo en NYT donde Paul Krugman, hablando del sistema de salud en EE.UU., se deja de pendejadas, cálculos de incentivos, alineación de intereses y demás sofisticaciones del lenguaje económico-gerencial, y decide ponerle el cascabel al gato. Krugman habla de los costos de la atención médica en los EE.UU., un país en el cual el gasto en salud alcanza el 16% del PIB y se espera llegue a representar un 20% de la economía para el 2017, ocupando de lejos el primer lugar entre los países desarrollados, sin que haya evidencia de que la calidad sea realmente superior.

A pesar de la inmensa complejidad del tema, el foco del artículo de Krugman es semántico: centra la atención en las implicaciones que tiene el uso de la palabra “consumidor” para referirse a los “pacientes”. Afirma que cuando se le llama “consumidor” a un “paciente” algo debe estar muy mal en la sociedad y critica el excesivo foco en los incentivos comerciales.

El intentar establecer exclusivamente “mecanismos de mercado” e “incentivos económicos” para resolver los retos que traen consigo los complejos problemas relacionados con la salud, es un reduccionismo miope. En las clases de microeconomía tradicionales uno puede estudiar que existen “fallas” en las cuales los mecanismos de mercado o no funcionan o lo hacen muy precariamente.

Para que el mercado funcione debe haber simetría de información y en el caso de la relación médico-paciente no puede haber más asimetría de información. El paciente no tiene idea del servicio que está “comprando”, no lo “compra” porque sea su deseo y no puede decidir qué quiere y qué no, simplemente está en manos del médico. La atención médica es, desde el punto de vista microeconómico, un bien privado, pero en un intercambio de este tipo resulta completamente contraproducente utilizar exclusivamente mecanismos de mercado que conciben a los pacientes como “consumidores” y a los médicos como “proveedores”.

Es en este punto en el cual Krugman le pone el cascabel al gato: “Por eso tenemos ética médica. Por eso los médicos han sido vistos tradicionalmente como gente especial y se espera que se comporten de acuerdo con estándares superiores a los del profesional promedio. Esa es la razón por la cual tenemos series de TV acerca de médicos heróicos, mientras que no tenemos series sobre gerentes medios heróicos”

Efectivamente, a lo largo de la historia de la humanidad la profesión médica ha sido protegida por mecanismos que dan grandes discrecionalidades e incluso privilegios a los médicos, pero que, al mismo tiempo, exigen altísimos estándares intelectuales y éticos. Esos mecanismos pueden ser vistos como reguladores/protectores que la sociedad diseñó para equilibrar y adecuar la asimétrica relación médico-paciente. Krugman parece llegar a la conclusión de que para resolver la pesadilla que significa la escalada de los costos de la salud en su país, no hay manera de escurrir el bulto, no hay sistema de incentivos ni “mano invisible” alguna que permita prescindir del buen juicio y la ética médica.

La degradación del estatus de los médicos en la sociedad seguramente ha influido mucho en la pérdida de control en los sistemas de salud. En nuestro país, más pronto que tarde, tendremos que diseñar e implantar un sistema de salud efectivo y la solución no puede basarse ni en un fundamentalismo de mercado ni en un fundamentalismo socialista, ninguna de las recetas funciona si no se utilizan los mecanismos que la sociedad ha tenido desde siempre, desde la época de los chamanes, los brujos y los piaches. En la labor de revalorizar la profesión médica son los colegios de médicos, las sociedades científicas y las facultades y escuelas de medicina las instituciones que deben tomar la iniciativa, si se pretende que el gobierno diseñe la solución o que las aseguradoras y compañías de medicina prepagada lo armen todo, se perderá una gran oportunidad de liderar y moldear el sistema a crear.

Parece que a pesar del avance vertiginoso en las ciencias médicas, será inevitable, aunque suene naftalinoso, e incluso no asociable con la tecnología que hay detrás de una cirugía intrauterina, seguir colocando el Juramento Hipocrático en una de las paredes del consultorio.

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Democracia directa y…¿desastrosa?

Sin duda, el argumento según el cual la selección de la fecha de las primarias unitarias se hizo “en contra” de lo que el pueblo deseaba, ha sido el más utilizado. Se supone que los políticos deben hacer “lo que diga el pueblo” y, aunque no se hizo ninguna consulta para saber qué es lo que “el pueblo” decía, a pesar de que puede considerarse insuficiente para conocer el deseo de “la gente” el resultado de una encuesta que aparentemente nadie ha visto completa, se ha colocado en la opinión pública opositora un encendido debate cuyo principal carburante parece ser la “indignación” generada por los oídos sordos de la MUD ante el “clamor popular”.

Ante estos argumentos la MUD ha dicho que, aún suponiendo que las primarias para el 2011 tuvieran el apoyo que se dice tienen, ese sería solo uno de los elementos a considerar y que ellos no están allí para actuar como veletas que se guían solo por lo que las encuestas circunstancialmente digan, sino que han asumido un compromiso que los lleva a tomar decisiones por las cuales asumen la responsabilidad y que están dispuestos a correr con las consecuencias.

Es realmente interesante lo que ha sucedido. Esta tensión, entre “lo que quiere el pueblo” y el juicio de los políticos, entre el actuar a la manera ateniense, con democracia directa, o a la manera gringa, con representantes, contrabalances y políticos que tomen decisiones y den cuenta de sus actos, no es algo nuevo. La Providencia y los excelentes analistas deThe Economist nos han colocado frente a un piloto en el cual podríamos evaluar las consecuencias de obviar el juicio político y dejar las cosas solo en manos de “la gente”.

En un extraordinario reporte, el Economist analiza las causas que están detrás del descalabro socio-económico que es California. Presupuesto deficitario, la segunda mayor tasa de desempleo en los EEUU, la degradación de la valoración de su deuda, y el deterioro de la inversión pública per cápita en educación, son solo algunos indicadores que muestran el notable deterioro de uno de los estados más privilegiados de la unión americana, no solo por sus bellezas y recursos naturales, sino por la sofisticación, influencia y prosperidad de sus empresas, verdaderos íconos mundiales de éxito, innovación y talento.

El reporte no cede a la tentación de culpar a la crisis económica de todos los males. Por el contrario, busca un poco más allá y, escudriñando en los distintos factores que podrían explicar un deterioro tan notable, atribuye la culpa fundamental no a la incapacidad o maldad intrínseca de los políticos.

Se concluye que hay un problema de “Governance”. En efecto, un exótico experimento californiano de democracia directa en el cual los ciudadanos aprueban y desaprueban leyes, sacan y ponen gobernantes incluso dentro de su período oficial, y enmiendan la constitución del estado a voluntad, ha llevado, según el análisis, a un verdadero desmadre. A un caos generado, paradójicamente, por “el pueblo”.

El caso es realmente valioso porque se propone que la “voluntad del pueblo” ha traído consecuencias nefastas para el pueblo mismo, incluso en uno de los lugares con mayor talento, sofisticación intelectual y diversidad cultural en el mundo entero. El juicio y criterio de las personas dedicadas a los problemas de carácter público, valga decir, los políticos, no pudo ser sustituido ni siquiera por un pueblo tan sofisticado como el de California.

En nuestro país, la imagen de los políticos ha sufrido un deterioro tan notable que mucha gente se ha declarado abiertamente en contra de los partidos políticos como intermediadores en la sociedad. Ese deterioro tiene su explicación no solo en el pobre desempeño demostrado, sino en ideas que, vestidas de novedad y sofisticación, se suponen más adaptadas a la realidad de siglo XXI. Estas han penetrado en ciertos grupos de la sociedad llevando a imaginar, en extremo, una sociedad sin políticos.

El debate sobre si la MUD debió “acatar” la “voluntad del pueblo” expresada en una encuesta tiene mucho de eso, la entronización de lo que quiere el pueblo como argumento último e irrebatible. Responde, en buena parte, a la idea de que es prácticamente inmoral estar en desacuerdo con “la gente”.

No sabemos si en algún momento llegaremos a una sociedad en la cual los ciudadanos se gobernarán directamente. Pero al menos por ahora, en uno de los grupos sociales más avanzados y sofisticados del planeta, esto no parece haber sido posible. Algunos dirán que ni tan sofisticados parecen, por que esa gente eligió de gobernador a un fisicoculturista que andaba en pelotas por ahí mostrando los músculos en público y que hasta confiesa que se fumó un porro.

¿No debemos los venezolanos sacar algunas lecciones de lo sucedido en California? ¿No deberíamos aprender a evitar la manipulación de la opinión pública utilizando solo argumentos de popularidad sobre una u otra medida? ¿No fue el golpe del 4F “popular” y también utilizado políticamente?

Al pueblo lo que es del pueblo y a los políticos lo que es de los políticos…y que cada quien asuma las consecuencias de sus decisiones.

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No, no vamos bien camarada…

El Informe Central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba es conmovedor. Utilizando una inmumerable cantidad de eufemismos, pretendiendo decir algo así como: “el inocultable fracaso del modelo puesto en marcha hace 50 años solo demuestra su éxito”, surfeando con gran dificultad sobre las olas de la lógica, se pueden percibir dos cosas: 1) una desesperada necesidad de cambiar y sustituir radicalmente el modelo impuesto por Fidel y su equipo ante la aplastante evidencia del fracaso y 2) un esfuerzo galáctico por evitar llamar al pan, pan y al vino, vino intentando camuflar de mil formas la dura realidad. Se pretende que los impostergables cambios solo servirían para afianzar y consolidar el modelo vigente, cuando, en realidad, se dirigen a modificarlo y sustituirlo desde su raíz.

En el océano de verborrea revolucionaria, en medio de ese doloroso intento por evitar decirle al pueblo cubano que todo ha sido en vano, se pueden extraer, con pinzas, secciones del informe que lucen como filtraciones producto del efecto que la presión de los hechos causaron en la muralla discursiva que trata de mantener todo represado:

1) “La experiencia práctica nos ha enseñado que el exceso de centralización conspira contra el desarrollo de la iniciativa en la sociedad y en toda la cadena productiva, donde los cuadros se acostumbraron a que todo se decidiera “arriba” y en consecuencia, dejaban de sentirse responsabilizados con los resultados de la organización que dirigían.”

2) “Nuestros empresarios, salvo excepciones, se acomodaron a la tranquilidad y seguridad de la “espera” y desarrollaron alergia por el riesgo que entraña la acción de adoptar decisiones, o lo que es lo mismo: acertar o equivocarse.”

3) “Al respecto, considero propicio recordar lo planteado por el compañero Fidel en el Informe Central al Primer Congreso del Partido el 17 de diciembre de 1975, cito“En la conducción de nuestra economía hemos adolecido indudablemente de errores de idealismo y en ocasiones hemos desconocido la realidad de que existen leyes económicas objetivas a las cuales debemos atenernos”. Fin de la cita.”

4) “Al respecto, hemos arribado a la conclusión de que resulta recomendable limitar, a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años, el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales”

Estos cuatro párrafos lo dicen todo. Los mensajes clave que respectivamente se derivan de allí son:

1) El control centralizado no funciona

2) La iniciativa individual empresarial debe recibir los incentivos adecuados

3) La economía tiene leyes que se imponen por encima de la ingenuidad infantil revolucionaria

4) Hay que evitar la perpetuación en el ejercicio del poder público, se necesita alternabilidad

El resto del documento es literalmente un mareo discursivo para ocultar lo inocultable. ¿Qué sucede en una sociedad cuando se descentraliza la toma de decisiones, se le da incentivos adecuados a la iniciativa empresarial privada, se respetan la leyes económicas y se asegura la alternancia en el poder? Aunque se pretenda decir que todo esto lleva a “consolidar el socialismo” todos sabemos que ese es el camino que lleva hacia la democracia y a la economía de mercado. Todo lo demás, sobra.

Sigue a Raúl en Twitter: @raulaular

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No lo dice Chavez, no lo dice Fidel, lo dice HBR

En un interesante artículo publicado en Harvard Business Review, el Managing Director de McKinsey & Company, Dominic Barton, da su opinión respecto a la dirección en la cual debe moverse el capitalismo moderno para asegurar su viabilidad. Barton acepta los problemas sin resolver, pero de ninguna manera piensa que el capitalismo es sustituíble como medio de producción de riqueza.

Sin embargo, y después de entrevistarse con alrededor de 400 líderes a nivel mundial, concluye que aquel reduccionismo según el cual los negocios existen “solo” para maximizar el valor entregado a los accionistas a través de la optimización de los flujos de caja libre, está equivocada.

Cada vez más es necesario atender y satisfacer las demandas de múltiples participantes en los negocios: los empleados, la comunidad, las ONGs, los grupos sociales etc… y las empresas que no logren hacerlo se exponen a perder su credibilidad y a sufrir las consecuencias del rechazo de la población, lo cual destruye el valor a largo plazo. Es especialmente interesante la propuesta de pasar de un “capitalismo trimestral” a un “capitalismo de largo plazo”.

En efecto, la evaluación de los indicadores de desempeño de los negocios en el corto plazo, establece unos incentivos perversos que colocan a la gerencia en la posición de maximizar esos indicadores (utilidad, ventas, retorno sobre capital empleado etc..) en períodos tan cortos de tiempo que en muchas oportunidades se compromete el valor a largo plazo, de hecho se destruye valor, en un intento desesperado por cumplir unas metas cortoplacistas miopes. Se identifica una diferencia fundamental entre la mentalidad asiática para los negocios y la occidental, justamente en la línea de tiempo sobre la cual se enfocan para la toma de decisiones; asiáticos: largo plazo, occidentales: corto plazo. Se atribuye el extraordinario avance relativo de las compañías orientales sobre las occidentales a una vocación para pensar y actuar ubicándose en períodos de tiempo prolongados, incluso más allá de una generación.

Barton dice que tanto el pensamiento a largo plazo como el enfoque diligente en atender las demandas de todos los participantes en el negocio (empleados, comunidad, ONGs, medios etc..) y no solo de los accionistas, deben ser asumidos urgentemente por los líderes de negocios porque de lo contrario, la población, a través de mecanismos de presión, los impondrá a partir de un proceso de pérdida de confianza en las empresas que ya comienza a evidenciarse. Es decir, o le paran a la gente o la gente les echa un parao.

Este enfoque holístico para los negocios ya había sido propuesto previamente y, si es relevante para las economías desarrolladas occidentales, es mucho más importante para las subdesarrolladas como la nuestra. Desde el mundo de los negocios y de la empresa debe darse una revolución que demuestre, con hechos, que el emprendimiento y la creación de nuevas compañías es la vía para generar prosperidad para todos y no solo para un pequeño grupo. Ya esta bandera no la pueden seguir agitando unos autodenominados socialistas que proponen un sistema respecto al cual toda la evidencia demuestra que lleva al fracaso social. La bandera de prosperidad y progreso para todos debe ser tomada por los hombres de empresa, no como mera estrategia comunicacional de posicionamiento público, no como una tímida “responsabilidad social empresarial”, sino como la única manera de que los negocios y la sociedad toda, sean viables en el mundo de hoy. No lo dice Chavez, no lo dice Fidel, lo publica el Harvard Business Review.

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!Tranquilos!!! es solo su origen…

Moises Naím ganó el premio Ortega y Gasset de periodismo. Pero lo que llama la atención, es la manera como lo reseña El País. Dice que se trata de una de las firmas más sólidas en español pero antes lo califica como “analista de origen venezolano”. Bueno, cuando uno es de origen venezolano, generalmente es porque es venezolano, ¿o no?. Quizá la devaluación de nuestra “marca-país” ocasione que se consideren necesarios ciertos eufemismos cuando se habla de un venezolano brillante. Mis panas, esa vaina hay que cambiarla!!!

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Yo no fui, yo estaba comprando kerosen…

Heinz Dieterich ha publicado una pieza, al menos ponciopilatoide. Se desmarca de los revolucionarios latinoamericanos y les echa el carro acusándolos de no ser medios eficaces para la implantación de la nueva sociedad, básicamente les echa en cara que no son “hombres nuevos”. Sorprende que este tipo, después de haber hecho públicas sus teorías de la “economía de equivalencias”, después de haberse propuesto que la culpa del fracaso del experimento socialista en la URSS y sus satélites recaía en el escaso avance de la computación (había que esperar que el capitalismo permitiera tal avance) y la consecuente imposibilidad de controlar centralmente todos los precios de la economía, después de proponer la eliminación del mercado como mecanismo generador de los precios y decir que debían calcularse con base en la “cantidad” de trabajo exclusivamente, en fin, después de haberse fumado esa mega lumpia del socialismo del siglo XXI y la economía de equivalencias, venga a decir que el problema no es la boa constrictor salida en buena parte, y contra toda evidencia empírica y científica, de su mente estrafalaria, sino que hubo un “problemita” de incapacidad ejecutiva de Fidel, Chávez, Evo y Correa. Siee cará!!!

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