Democracia directa y…¿desastrosa?

Sin duda, el argumento según el cual la selección de la fecha de las primarias unitarias se hizo “en contra” de lo que el pueblo deseaba, ha sido el más utilizado. Se supone que los políticos deben hacer “lo que diga el pueblo” y, aunque no se hizo ninguna consulta para saber qué es lo que “el pueblo” decía, a pesar de que puede considerarse insuficiente para conocer el deseo de “la gente” el resultado de una encuesta que aparentemente nadie ha visto completa, se ha colocado en la opinión pública opositora un encendido debate cuyo principal carburante parece ser la “indignación” generada por los oídos sordos de la MUD ante el “clamor popular”.

Ante estos argumentos la MUD ha dicho que, aún suponiendo que las primarias para el 2011 tuvieran el apoyo que se dice tienen, ese sería solo uno de los elementos a considerar y que ellos no están allí para actuar como veletas que se guían solo por lo que las encuestas circunstancialmente digan, sino que han asumido un compromiso que los lleva a tomar decisiones por las cuales asumen la responsabilidad y que están dispuestos a correr con las consecuencias.

Es realmente interesante lo que ha sucedido. Esta tensión, entre “lo que quiere el pueblo” y el juicio de los políticos, entre el actuar a la manera ateniense, con democracia directa, o a la manera gringa, con representantes, contrabalances y políticos que tomen decisiones y den cuenta de sus actos, no es algo nuevo. La Providencia y los excelentes analistas deThe Economist nos han colocado frente a un piloto en el cual podríamos evaluar las consecuencias de obviar el juicio político y dejar las cosas solo en manos de “la gente”.

En un extraordinario reporte, el Economist analiza las causas que están detrás del descalabro socio-económico que es California. Presupuesto deficitario, la segunda mayor tasa de desempleo en los EEUU, la degradación de la valoración de su deuda, y el deterioro de la inversión pública per cápita en educación, son solo algunos indicadores que muestran el notable deterioro de uno de los estados más privilegiados de la unión americana, no solo por sus bellezas y recursos naturales, sino por la sofisticación, influencia y prosperidad de sus empresas, verdaderos íconos mundiales de éxito, innovación y talento.

El reporte no cede a la tentación de culpar a la crisis económica de todos los males. Por el contrario, busca un poco más allá y, escudriñando en los distintos factores que podrían explicar un deterioro tan notable, atribuye la culpa fundamental no a la incapacidad o maldad intrínseca de los políticos.

Se concluye que hay un problema de “Governance”. En efecto, un exótico experimento californiano de democracia directa en el cual los ciudadanos aprueban y desaprueban leyes, sacan y ponen gobernantes incluso dentro de su período oficial, y enmiendan la constitución del estado a voluntad, ha llevado, según el análisis, a un verdadero desmadre. A un caos generado, paradójicamente, por “el pueblo”.

El caso es realmente valioso porque se propone que la “voluntad del pueblo” ha traído consecuencias nefastas para el pueblo mismo, incluso en uno de los lugares con mayor talento, sofisticación intelectual y diversidad cultural en el mundo entero. El juicio y criterio de las personas dedicadas a los problemas de carácter público, valga decir, los políticos, no pudo ser sustituido ni siquiera por un pueblo tan sofisticado como el de California.

En nuestro país, la imagen de los políticos ha sufrido un deterioro tan notable que mucha gente se ha declarado abiertamente en contra de los partidos políticos como intermediadores en la sociedad. Ese deterioro tiene su explicación no solo en el pobre desempeño demostrado, sino en ideas que, vestidas de novedad y sofisticación, se suponen más adaptadas a la realidad de siglo XXI. Estas han penetrado en ciertos grupos de la sociedad llevando a imaginar, en extremo, una sociedad sin políticos.

El debate sobre si la MUD debió “acatar” la “voluntad del pueblo” expresada en una encuesta tiene mucho de eso, la entronización de lo que quiere el pueblo como argumento último e irrebatible. Responde, en buena parte, a la idea de que es prácticamente inmoral estar en desacuerdo con “la gente”.

No sabemos si en algún momento llegaremos a una sociedad en la cual los ciudadanos se gobernarán directamente. Pero al menos por ahora, en uno de los grupos sociales más avanzados y sofisticados del planeta, esto no parece haber sido posible. Algunos dirán que ni tan sofisticados parecen, por que esa gente eligió de gobernador a un fisicoculturista que andaba en pelotas por ahí mostrando los músculos en público y que hasta confiesa que se fumó un porro.

¿No debemos los venezolanos sacar algunas lecciones de lo sucedido en California? ¿No deberíamos aprender a evitar la manipulación de la opinión pública utilizando solo argumentos de popularidad sobre una u otra medida? ¿No fue el golpe del 4F “popular” y también utilizado políticamente?

Al pueblo lo que es del pueblo y a los políticos lo que es de los políticos…y que cada quien asuma las consecuencias de sus decisiones.

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