Hipócrates vuelve a estar de moda

Gracias al pana A. Barredas supe de un artículo en NYT donde Paul Krugman, hablando del sistema de salud en EE.UU., se deja de pendejadas, cálculos de incentivos, alineación de intereses y demás sofisticaciones del lenguaje económico-gerencial, y decide ponerle el cascabel al gato. Krugman habla de los costos de la atención médica en los EE.UU., un país en el cual el gasto en salud alcanza el 16% del PIB y se espera llegue a representar un 20% de la economía para el 2017, ocupando de lejos el primer lugar entre los países desarrollados, sin que haya evidencia de que la calidad sea realmente superior.

A pesar de la inmensa complejidad del tema, el foco del artículo de Krugman es semántico: centra la atención en las implicaciones que tiene el uso de la palabra “consumidor” para referirse a los “pacientes”. Afirma que cuando se le llama “consumidor” a un “paciente” algo debe estar muy mal en la sociedad y critica el excesivo foco en los incentivos comerciales.

El intentar establecer exclusivamente “mecanismos de mercado” e “incentivos económicos” para resolver los retos que traen consigo los complejos problemas relacionados con la salud, es un reduccionismo miope. En las clases de microeconomía tradicionales uno puede estudiar que existen “fallas” en las cuales los mecanismos de mercado o no funcionan o lo hacen muy precariamente.

Para que el mercado funcione debe haber simetría de información y en el caso de la relación médico-paciente no puede haber más asimetría de información. El paciente no tiene idea del servicio que está “comprando”, no lo “compra” porque sea su deseo y no puede decidir qué quiere y qué no, simplemente está en manos del médico. La atención médica es, desde el punto de vista microeconómico, un bien privado, pero en un intercambio de este tipo resulta completamente contraproducente utilizar exclusivamente mecanismos de mercado que conciben a los pacientes como “consumidores” y a los médicos como “proveedores”.

Es en este punto en el cual Krugman le pone el cascabel al gato: “Por eso tenemos ética médica. Por eso los médicos han sido vistos tradicionalmente como gente especial y se espera que se comporten de acuerdo con estándares superiores a los del profesional promedio. Esa es la razón por la cual tenemos series de TV acerca de médicos heróicos, mientras que no tenemos series sobre gerentes medios heróicos”

Efectivamente, a lo largo de la historia de la humanidad la profesión médica ha sido protegida por mecanismos que dan grandes discrecionalidades e incluso privilegios a los médicos, pero que, al mismo tiempo, exigen altísimos estándares intelectuales y éticos. Esos mecanismos pueden ser vistos como reguladores/protectores que la sociedad diseñó para equilibrar y adecuar la asimétrica relación médico-paciente. Krugman parece llegar a la conclusión de que para resolver la pesadilla que significa la escalada de los costos de la salud en su país, no hay manera de escurrir el bulto, no hay sistema de incentivos ni “mano invisible” alguna que permita prescindir del buen juicio y la ética médica.

La degradación del estatus de los médicos en la sociedad seguramente ha influido mucho en la pérdida de control en los sistemas de salud. En nuestro país, más pronto que tarde, tendremos que diseñar e implantar un sistema de salud efectivo y la solución no puede basarse ni en un fundamentalismo de mercado ni en un fundamentalismo socialista, ninguna de las recetas funciona si no se utilizan los mecanismos que la sociedad ha tenido desde siempre, desde la época de los chamanes, los brujos y los piaches. En la labor de revalorizar la profesión médica son los colegios de médicos, las sociedades científicas y las facultades y escuelas de medicina las instituciones que deben tomar la iniciativa, si se pretende que el gobierno diseñe la solución o que las aseguradoras y compañías de medicina prepagada lo armen todo, se perderá una gran oportunidad de liderar y moldear el sistema a crear.

Parece que a pesar del avance vertiginoso en las ciencias médicas, será inevitable, aunque suene naftalinoso, e incluso no asociable con la tecnología que hay detrás de una cirugía intrauterina, seguir colocando el Juramento Hipocrático en una de las paredes del consultorio.

Twitter: @raulaular

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s