Ortega y Gasset, indignación y antipolítica

Al ver las declaraciones de algunos de los participantes en el movimiento de los “indignados” en España, debo confesar que, aunque suene políticamente incorrecto, recordé una sección de “La Rebelión de las Masas” de José Ortega y Gasset llamada “La época del señorito satisfecho”.

Ortega y Gasset básicamente decía, iniciando el siglo pasado, que el hombre de su época era el beneficiario privilegiado de una acumulación impresionante de avances y logros que las generaciones anteriores habían forjado con gran esfuerzo y que “el hombre masa”, como él llamaba a esa nueva generación, actuaba cual heredero irresponsable, que lo recibía todo ya hecho de sus predecesores y se ocupaba solo de disfrutarlo frívolamente: “el niño mimado de la historia”.

La crítica fundamental al movimiento de los “indignados” es que no parecen tener un objetivo político concreto, lanzan consignas difusas y, al parecer, se autocolocan en una posición de superioridad moral que los hace despreciar lo existente y sentirse una especie de vanguardia pura de la humanidad misma. Si uno revisa la lista de propuestas que han hecho, puede encontrar algunas cosas que aquí, en Venezuela, ya el gobierno revolucionario ha comenzado a implantar. Entre otras propuestas, han sugerido la expropiación de viviendas que no se hayan vendido para entregarlas en régimen de alquiler controlado, impuestos al patrimonio y nacionalización de bancos antes que su rescate.

No hay dudas de que existen elementos para estar inconformes con las injusticias existentes en la sociedad, sin embargo, no dejan de llamar la atención las comparaciones y analogías, un poco temerarias, que se han hecho con el Mayo Francés. A pesar de que muchos lo hayan negado expresamente, ese “flavor” de “paren el mundo que me quiero bajar” proyecta una imagen en la cual parecen estar apostando a la antipolítica.

¿No es este movimiento, un lujo que solo se pueden permitir ciudadanos bien alimentados, en una ciudad occidental, favorecidos por el estado del bienestar y con un nivel educativo muy por encima del promedio mundial?

¿O se trata acaso del asomo de una demanda de mayor significado y grandeza por parte de una sociedad que evoluciona?

¿Será una manifestación de “señoritos satisfechos” en el sentido de Ortega y Gasset?

¿Estaremos ante los dolores de parto por el nacimiento, no de la era de la cual hablaba Silvio Rodríguez, sino de un nuevo tipo de capitalismo, más enfocado en el largo plazo y volcado a la sociedad, como el que ya han sugerido algunos expertos, debe comenzar a imponerse?

Por los momentos, solo puedo afirmar que el tono de superioridad moral que se percibe en muchos de sus voceros, esa especie de pretensión de pureza vanguardista, luce como el talón de Aquiles del movimiento.

Cuando uno ha visto a nuestros “dignificados” da como vaina ver a tales “indignados”

@raulaular

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