La vaina no está bien

Hoy vimos a un Chávez ondeando precariamente la bandera nacional. Lo vimos anunciando ¿advirtiendo? a sus seguidores que estaba finalizando la primera etapa de su tratamiento, pero que pueden ser requeridas muchas más, “las que sean necesarias”.

La gente lloraba ante un ídolo, pero se fue con la íntima convicción de que la vaina no está bien.

No había necesidad de exponerse a un esfuerzo personal en el cual cuesta ondear la bandera y se te van los gallos. Sin embargo, el Presidente no tenía otra salida. Él mismo creó una desproporcionada concentración de poder real y simbólico en su persona y nadie puede sustituirlo. La destrucción institucional hace imposible que el Presidente haga lo que tiene que hacer: descansar y recuperarse.

Ya andan por allí los que piensan que hasta los quiebres de voz durante la cadena desde Cuba, fueron fríamente planificados hace treinta años frente al Samán de Güere. Ya andan por allí quienes, por temor a sentirse como unos pendejos nuevamente, colocan sobre la mesa la tesis paranóica de la manipulación total.

No parece ser así. La gente lloraba en la Urdaneta. ¡La gente lloraba de verdad coño! Hay una bomba de tiempo emocional que es necesario desactivar con mucho cuidado, porque nos puede estallar en la cara.

Claridad de objetivos, trabajo duro, sensibilidad y grandeza de espíritu, son necesarios en este momento.

@raulaular

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