¿Podría haber en Venezuela una destrucción política creativa?

Es común afirmar que en Venezuela hemos entrado en una involución política que nos lleva nuevamente al siglo XIX, sin embargo, podríamos estar, al mismo tiempo, en la mejor posición para asumir nuevos modelos políticos y colocarnos a la vanguardia mundial.

No se puede decir que haya estabilidad política en el mundo. No solo hay conflictos en el norte de Africa sino que también vemos señales de descontento popular en Inglaterra, España, Chile, Israel, Grecia y otros países.

En un reciente artículo, Fernando Mires sugiere que no es lógico asumir que estos movimientos son producto de fenómenos locales aislados y que es necesario buscar un hilo conductor común a todos ellos.

Porpone que a partir de la “digitalización” de los medios de producción entramos en una crisis de la sociedad post-industrial. Esta crisis tendría su origen en que la inclusión laboral en la nueva sociedad digital depende de nuevas habilidades y ha cambiado su naturaleza. Las pasadas concepciones de trabajo y capital a partir de las cuales surgieron las corrientes ideológicas fundamentales de los siglos XIX y XX, los “socialismos” de todo tipo, ya no sirven para explicar lo que sucede. Los partidos políticos creados a partir de esas posturas ideológicas sufrirían una crisis de representatividad como consecuencia de la inutilidad de su plataforma de pensamiento para dar salidas prácticas a los problemas actuales.

El mundo de la corporación típica del siglo XX, con funcionamiento jerarquizado, el mundo de las General Motors, las Unilever y las Siemens de este mundo sería análogo al mundo igualmente jerarquizado y vertical de los PRIs, PSOEs y Partidos Laboristas de este mundo, es decir, el mundo de AD, COPEI, PSUV, UNT, PJ etc… Las respuestas fáciles que la ideología daba a todo ya no existen, y no solo eso, sino que el avance en el conocimiento humano ya permite resolver los problemas concretos con base en un mejor entendimiento de los fenómenos: ya no se requiere un “proxy” ideológico antiguo que solo servía como hipótesis para bajar la ansiedad que produce la ignorancia. Mires sugiere entonces que esta crisis puede dar paso a una era de nuevas organizaciones politicas en las cuales desaparece el compromiso ideológico, donde la atención se enfoca en temas mucho más concretos y la fidelidad y consistencia doctrinales pierden todo sentido. Los términos “izquierda” y “derecha” serían ya palabras huecas.

Si vemos el ambiente venezolano, en medio de tanta alaraca ideológica, lo que podemos observar es el surgimiento de alianzas pragmáticas que, aunque algunos pretendan ver como la incubación y el retorno de los tradicionales bloques socialcristiano y socialdemócrata, no tienen nada que ver con eso.

La MUD es un ente difícil de catalogar si utilizamos la taxonomía política tradicional. Una alianza en la cual confluyen organizaciones que dicen funcionar con base en las plataformas ideológicas más diversas, que pretende presentar un candidato único, un programa único y hasta una tarjeta única, no es algo fácil de conseguir en el ecosistema político. Es cierto que el objetivo común de constituir una fuerza políticamente efectiva ante la hegemonía del gobierno es el principal incentivo para lograr la unión del llamado “saco de gatos”, sin embargo, la sola existencia de la MUD también es una demostración de lo tremendamente accesorio que es el aparataje ideológico: no debe tener un carácter demasiado fundacional/bautismal un conjunto de ideas que pueden hacerse “coincidir” con tantas otras ante la necesidad de lograr un objetivo político concreto.

Además de la evidente inutilidad de la ideología en el gobierno, la población debe percibir una dinámica de alianzas y objetivos prácticos en la oposición y probablemente demande, cada vez más, posturas concretas, pragmáticas y útiles, desestimando las posturas fundadas en supuestos “principios” ideológicos que ya a casi nadie importan.

Si la población comienza a premiar el pragmatismo podríamos comenzar a ver organizaciones políticas sin rimbombantes “congresos ideológicos”, podríamos deslastrarnos del reflejo condicionado, cada vez más inútil, de catalogar a cada organización dentro de categorías políticas surgidas en tiempos de la Revolución Francesa y consolidadas a partir de la era industrial.

Quizá podrían generarse en Venezuela organizaciones políticas de vanguardia que ya están haciendo falta en todo el mundo. Es posible que la destrucción que hemos experimentado en estos años, nos haga más precisos, más concretos, más pragmáticos, y que los políticos ya no tengan otra opción que tomar el toro por los cachos, sin escudarse en principios ideológicos gaseosos. Es posible que después de todo este desmadre, la relación de los ciudadanos con la clase política sea una de nuevo tipo, una que el mundo parece estar buscando insistentemente por estos días. Una política de vanguardia. Si nos ponemos pilas podría ser posible.

@raulaular

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