Archivo mensual: agosto 2014

Atrapados, inseguros, solos…

Si te ha tocado vivir en Venezuela estas últimas dos décadas, si todavía vives en Venezuela y si por suerte te ha sido posible asomar la mirada ligeramente por encima de las necesidades básicas del animal humano, si has contado con la fortuna de haber tenido contacto con algunas expresiones de la grandeza del espíritu, es decir, si has podido educarte, si has podido viajar algo o al menos tener amigos interesantes o padres nutritivos que te hayan contado de lo infinito del alma del Homo sapiens, es posible que te atormentes las vida con reflexiones como estas:

¿Por qué he tenido que pasar mi vida aquí? ¿Por qué tengo que soportar el subdesarrollo, su estética y sus miserias? Si otros se han ido y les ha ido bien…¿qué me pasa a mi? ¿Seré un fracasado? ¿Seré un cobarde que no se atreve a asumir retos? ¿Será que, íntimamente, y a pesar de los méritos que me atribuyo y que otros me atribuyen, se que no doy la talla, que soy mediocre? ¿Si otros han podido surfear estos años e incluso hacer buen dinero ¿por qué yo, con la cultura y competencias que me atribuyo, me mantengo en tanta precariedad material? Si aquel pana de bachillerato que, todos sabemos, era de inteligencia bastante limitada, ahora es un empresario exitoso, incluso aquí, ¿qué me pasó a mi? ¿Dios mio, cómo puede ser posible que no pueda comprar ni un carro? No puedo sacar a los niños de vacaciones ¿Por qué no puedo cenar con mi esposa/o en un sitio bonito? Aquí no se puede tener éxito si no te corrompes, si no tienes un contacto o si no heredas. Pero… ¿estaré tomando la crisis social y económica como excusa? ¿No seré yo el problema?…

Y como éstas:

¿Qué hago quejándome como un imbécil? ¿Acaso no se que la gran mayoría está peor que yo? ¿No estoy acaso idealizando un estilo de vida que me impone la sociedad de consumo? ¿No estaré colocando demasiado peso en las cosas materiales de la vida? ¿No está mi vanidad desviando mis pensamientos? ¿Tendré una sequía espiritual? ¿Será que debo acercarme a Dios? Mucha gente ha tenido que vivir situaciones muy difíciles…¿No estoy dramatizando? ¿Será que idealizo la vida fuera? Estar fuera es duro y el que se va, jamás va a admitir sus dificultades, siempre te mostrará el lado bonito de las cosas. Que aún siga viviendo aquí, demuestra mi compromiso con mi país, uno no puede abandonar su patria así como así. Los que nos quedamos echaremos hacia adelante el país. Quedarse no puede ser sinónimo de fracaso o incapacidad, yo me conozco, se lo que valgo, si no me he ido es porque no he querido…

La incontestable pregunta respecto a lo que hubiera podido ser, si hubiera hecho otra cosa, si hubiera tomado otro camino, ya comienza a atormentar la mente de muchos, que ven pasar el tiempo en un proceso de deterioro brutal, sin que se haya percibido aún lo suficientemente irreversible como para tomar la decisión de emigrar. Esta situación aumenta la necesidad de comprender lo que sucede, de responder a dolorosos autocuestionamientos asociados a lo afortunado o no de las decisiones tomadas, justo en el momento en el que se ve como se abandona la etapa de la vida en la cual se puede recomenzar y se entra en otra, que se presenta como una cárcel de la cual jamás podrás salir.

Este es un drama que sufre una minoría, no es un problema masivo ni de todas las edades. Se trata de un grupo poblacional que se encuentra en su etapa más productiva y siente que la vida se les va de las manos, que se dirigen a una edad madura precaria, limitada y vulnerable sin ver la forma de evitarlo. Se trata de personas que encuentran una disociación demasiado abismal entre sus competencias, gustos, afinidades y aspiraciones y la realidad brutal y precaria que los rodea, es gente que siente genuina indignación cuando hace una cola para comprar papel higiénico, son espíritus con una intermitente sensación de no pertenecer a este entorno, con la percepción de estar atrapados en toda una estética y narrativa esquizofrénicas, en una verdadera pesadilla.

Es un sufrimiento que además se lleva en secreto. Su exteriorización genera vergüenza ante ciertas audiencias y burla en otras. Esta doble percepción de ese sufrimiento, según la audiencia, contribuye con el contínuo cuestionamiento de su legitimidad: se sufre y al mismo tiempo se duda de que se tenga derecho incluso a sufrir.

La sensación de “atrapamiento” es muy negativa, puede generar conductas desesperadas y autodestructivas. El liderazgo debe pensar muy bien cómo abordar esa mezcla de sentimientos contradictorios y potencialmente explosivos. Buena parte del sufrimiento que se está dando en la sociedad es producto de la sensación de “atrapamiento” y no de la precariedad material en si misma. Es necesario evitar que a la sensación de estar atrapados se sume la de estar solos.

 

@raulaular

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